Paramo, el tesoro escondido de Los Andes

Paramo, el tesoro escondido de Los Andes. Vivir en Bogotá es estar rodeado de montañas y de ecosistemas únicos en el mundo. Nuestra ciudad se encuentra a 2.640 metros de altura, en lo que llamamos el altiplano, rodeada por los cerros orientales, donde uno de sus puntos más emblemáticos es el cerro de Monserrate. Si eres un visitante de nuestra ciudad y te fascina descubrir lugares unicos, si amas la naturaleza como nosotros ven a conocer el Parque Nacional Chingaza y el Páramo. Empecemos por entender que es el Páramo y por qué aca en Bogotá Colombia. Tenemos las cademas montañosas de los Andes, tenemos tres divisiones llamadas cordilleras y Bogotá esta sobre un altiplano, lo que lo vuleve más interesante de estas montañas es que, a partir de los 3.000 metros de altura, podemos encontrar el ecosistema conocido localmente como páramo. Para nosotros, los colombianos, el páramo es el lugar donde habitan los frailejones, y además reconocemos estos ecosistemas de alta montaña tropical como verdaderas fábricas naturales de agua. Esto es totalmente cierto: de sus nacimientos, lagunas y cuencas se abastecen ciudades como Bogotá. El concepto de “páramo” llegó con los españoles en los siglos XVI y XVII, proveniente del latín paramus, término usado para describir montañas elevadas y extensas como las nuestras. Lo que en otras regiones montañosas del mundo sobre los tres mil metros sobre el nivel del agua, serian ecosistemas áridas, secas o cubiertas por glaciares que cambian con las estaciones. Nuestros ecosistemas de alta montaña tienen temperaturas frias y muy estables a lo largo del año, lo que convierte a la alta montaña tropical en un lugar único, con suelos muy fértiles, abundantes lluvias y corrientes constantes de aire. Esto favorece una biodiversidad extraordinaria: musgos, arbustos, especies endémicas y, por supuesto, la belleza de los frailejones, plantas perfectamente adaptadas para absorber agua desde sus hojas hasta el tronco y transferirla al suelo. Para quienes aman la naturaleza, desean escapar de la ciudad o quieren descubrir algo verdaderamente único en el mundo, visitar el páramo con ONCA es la respuesta perfecta. El Parque Nacional Natural Chingaza, con más de sesenta y siete mil hectáreas de bosques y páramos, alberga especies únicas de frailejones y ofrece caminatas accesibles para todo tipo de personas. Es un lugar ideal para la fotografía de naturaleza, con senderos desde recorridos suaves de 2 kilómetros hasta rutas más exigentes y técnicas de 7 kilometros. También brinda la posibilidad de observar parte de la riqueza en biodiversidad: el ecosistema del oso de anteojos, el águila paramuna, y algunos de los colibríes más increíbles y endémicos del mundo. Los frailejones pertenecen a la familia botánica de las espeletias, que incluye una gran variedad de especies. En ONCA TRAVEL COLOMBIA te invitamos a regalarte un día fuera de la ciudad y descubrir la magia del páramo en el Parque Nacional Natural Chingaza. Vive una experiencia inolvidable recorriendo nuestros cuatro senderos ecológicos, acompañados por guías locales expertos que te conectarán con la historia, la naturaleza y los secretos de este ecosistema único. Disfruta panorámicas espectaculares, aprendizajes profundos y una conexión auténtica con la tierra. Si lo deseas, extiende tu aventura pasando una o dos noches en pleno páramo: observa aves de alta montaña, siente la emoción de cruzarte con la presencia del oso de anteojos o los venados cola blanca, y maravíllate con sesiones de stargazing bajo cielos totalmente despejados. Despierta con amaneceres que no se olvidan, momentos que se quedan para toda la vida en tu memoria.
MAVECURE, “TIERRA DE ABUNDANTES AGUAS”

Mavecure es un lugar místico de la Tierra. Primero volamos sobre los paisajes infinitos de la sabana y las selvas siempre verdes de los Llanos Orientales en Colombia, y al horizonte aparecen las siluetas de estas rocas mágicas que se elevan orgullosas en medio de esta vasta región. Al llegar con nuestro equipo local hace parte de la familia indígena Puinave, Arcangel, un hombre que al principio parece serio pero luego nos muestra su cariño con una gran sonrisa, sentimos que era la forma perfecta de iniciar nuestra aventura. Comenzamos nuestro viaje para adentrarnos no solo en el mundo de los Cerros de Mavecure, sino también en toda la cosmovisión de la familia indígena Puinave. Esta comunidad cuenta con cerca de 5.000 miembros que habitan a lo largo del río Guainía y el Guaviare, distribuidos en varios asentamientos indígenas. Su economía se basa principalmente en la pesca y la caza; así fue como llegaron a esta región hace cientos de años. Hoy están dispuestos a mostrarnos sus tradiciones, las técnicas de tejido para construir casas y quioscos, que se convierten en los mejores diseños interiores para los techos, utilizando especies nativas de hojas de palma como el chiquichiqui (nombre local) y la palma de Paraná. Nuestra aventura continúa bajo el clima selvático para entender cuáles son las mejores condiciones para ascender a Mavecure. Exploramos el río Guainía bordeando las majestuosas colinas a ambos lados del río. Nuestros ojos no pueden evitar admirar constantemente la belleza de este paisaje amazónico. Más grupos de familias indígenas llegan al río para cruzarlo; allí también hay rápidos y algunas embarcaciones no pueden pasar de un lado al otro, por lo que los capitanes unen fuerzas para cruzar estirando los botes con cuerdas y ayudando a las familias a cargar sus maletas y pertenencias mientras las madres cuidan de sus hijos, el viaje tambien se trata de ser parte de lo que se vive a diario y alla estaremos nosotros ayudando a cruzar el rio, tambien pescado fresco de la orinoquia, frito aveces yen hoja de platano enotras ocasiones, la magia del lugar es ser una pieza mas del mundo Puinave y disfrutar cada momento. Guainía recibe el nombre de “Departamento de las muchas aguas”, y realmente es sorprendente ver la cantidad de rios y caños que lo rodean, tributarios más estrechos que tienen características únicas y colores increíbles. Aguas cristalinas con tonos amarillos y rojizos, resultado de la descomposición química de ciertas raíces y hojas, colorean estos lugares y los convierten en espacios mágicos. “Ahora es momento de conquistar la montaña” Dice Arcángel. Nos preparamos para subir a Mavecure. Al subir a la lancha, sentimos que la Madre Naturaleza finalmente nos permite visitar la montaña más sagrada. Nuestra guía local nos recibe; se le nota orgullosa de pertenecer a la familia Puinave. Comenzamos a ascender las primeras pendientes. El clima es perfecto: no hace sol, está nublado, pero no llueve. La caminata dura casi dos horas con paradas para descansar y escuchar atentamente las historias de Cindy y la manera en que su comunidad interpreta el origen de estos cerros sagrados, el origen de las personas, las plantas, los animales, la selva y las montañas en su cosmovisión. Finalmente llegamos a la cima, más de 400 metros desde la base. Usamos cuerdas, escaleras y hasta pequeñas gradas para alcanzar ese momento de asombro absoluto, esa sensación de que el mundo es enorme, diverso y tan distinto a la realidad cotidiana en la que vive la mayoría de las personas. Mavecure proviene de dos palabras: Mave (la herramienta) y Cure (la poción). Los antiguos ascendían estas montañas para controlar el territorio y rendir culto a la naturaleza por su poder. Así nos sentimos nosotros: percibimos cómo la Madre Naturaleza es más grande que la vida misma. Honramos ese momento para agradecer por nuestra existencia y por haber llegado tan lejos junto con los amigos y familiares que vamos encontrando en el camino. Las fotos nunca le hacen justicia, así que nos unimos como grupo; las sonrisas eran contagiosas, lágrimas de alegría y la sensación increíble de estar vivos. Bueno, después de la puesta de sol más increíble, es hora de volver a nuestra reserva indígena para disfrutar de una agradable cena con cervezas frías y guardar en nuestros corazones esta historia inolvidable.